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- ¿Por qué una terapia centrada en la persona? -

Jueves 07 de Abril de 2016. PUBLICADO POR Sergio Soto Medina

 

Soy un firme defensor de las terapias humanistas, esas que se posicionan lejos de los diagnósticos y los juicios de valor y cerca del mundo interno de las personas. Y la Terapia Centrada en la Persona de Carl Rogers es una de esas terapias humanistas que priorizan en la calidad de la relación entre cliente y terapeuta. 

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Entre sus bases filosóficas, el existencialismo, que aprecia valores como la libertad de elección y la responsabilidad y la fenomenología, que nos propone un acercamiento, un contacto con nuestra experiencia más subjetiva. 

 

Entre sus conceptos básicos, el de la tendencia a la actualización, que viene a ser algo así como la creencia en una fuente central de energía, en un impulso vital que poseemos todos los seres vivos, un impulso a desarrollarnos, a crecer, y que en las personas se convierte en un movimiento hacia la autorrealización, la plenitud y la integridad. Detrás de este concepto está la idea de que cada persona posee dentro de sí misma la capacidad de tomar sus propias decisiones respecto a su vida y la capacidad para encontrar y tomar sus propias direcciones. Por eso se dice que es una terapia no-directiva, porque el terapeuta, más que analizar, dirigir y aconsejar, acompaña y facilita que el cliente encuentre su propio camino.  

 

Son tres las actitudes básicas que tiene que poseer el terapeuta para facilitar ese cambio: 

La congruencia, que se refiere al acuerdo que debe haber entre lo que se siente, lo que se hace consciente y lo que se expresa o se comunica. Se trata de estar bien comunicado con uno mismo y con el cliente. También podríamos hablar de transparencia, autenticidad o coherencia. 

La aceptación incondicional, que se refiere a una actitud de no juicio, de aceptación total de lo que la persona hace, dice, piensa o siente. Es una comprensión del mundo interno del cliente, mostrando una actitud de estima,  cálida y cercana.  

La empatía, que se refiere a ese sentir junto al otro, a ese captar el mundo del otro desde el otro y no desde mí. Para mí, la empatía es escucha activa, es estar más en los sentimientos que en los hechos, significa entrar en el mundo perceptual íntimo del otro y sentirse dentro de él y supone ser sensible en cada momento a los cambios que transcurren dentro de la otra persona. 

 

De esta manera, el encuentro terapéutico es más un encuentro auténtico entre dos personas que un encuentro "frío" entre paciente y experto. Se crea un clima de cercanía y se igualan las distancias, y como consecuencia de eso el cliente se abre más a su experiencia, reconociéndola sin miedo a que sea rechazada, evaluada o desaconsejada. 

 

Esta es mi forma de hacer terapia en la actualidad y es con la que me siento más identificado porque no implica solamente el conocimiento de una serie de conceptos psicológicos y de técnicas para reducir el dolor emocional o favorecer el cambio e inducir el crecimiento de mis clientes sino que además, implica una forma de ser y estar en la relación con ellos. Esto supone que me esté trabajando a mí mismo para adquirir esas actitudes básicas que sin duda, no solo transforman la vida de mis clientes, sino que también están transformando la mía propia. 

Sergio Soto. 

Psicólogo col. 1593

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