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- Algunos hábitos de salud mental -

Viernes 04 de Marzo de 2016. PUBLICADO POR Sergio Soto Medina

Según la OMS:

«La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.»

Por lo tanto, la salud mental es parte integral de la salud y no hay salud sin salud mental, y ésta es algo más que la ausencia de trastornos mentales. Así, el estado de completo bienestar mental va más allá de que tengamos un trastorno y por supuesto podemos hacer bastantes cosas para favorecer el desarrollo de nuestra salud psicológica.

Existen estrategias e intervenciones eficaces y rentables de promoción, protección y restablecimiento de la salud mental.

En este artículo me gustaría exponer algunos hábitos de salud que podemos poner en práctica a nivel individual, eso sí, puede que nos cueste un poco de esfuerzo pero les aseguro que valdrá la pena.

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    •    Práctica de ejercicio físico.

Los datos obtenidos en múltiples trabajos de investigación nos muestran que existe una asociación clara entre la actividad física y el bienestar psicológico. Aunque no se sepa bien a través de qué mecanismos ocurre esto, hay evidencia científica de que la práctica regular de ejercicio mejora los niveles de ansiedad y depresión e incide favorablemente en otras emociones.

No es necesario ser un deportista de prestigio para beneficiarse de las ventajas del deporte, basta con adquirir el hábito de hacer algo de forma regular, con constancia y que suponga cierto esfuerzo. Por ejemplo caminar 3 veces a la semana durante 40 minutos o ir a clases de baile con regularidad, cosas sencillas pero que nos muevan un poco.

    •    Desarrollar la inteligencia emocional.

El trabajo con nosotros mismos nos llevará a una mayor conciencia de nuestras emociones y de las emociones de los demás. Así podremos desarrollar conceptos importantes como la empatía (esa capacidad de sentir con el otro) y nos resultará mucho más fácil hacer una gestión adecuada de nuestros sentimientos, a reconocerlos y expresarlos de manera que no nos opriman y de manera que nuestras relaciones con los demás sean más satisfactorias y enriquecedoras.

Por lo tanto, propongo que nos trabajemos nuestras emociones a través de cursos, lecturas, retiros, etc. Para que aprendamos a mirarnos, a  reconocernos y a aceptarnos.

    •    Salud mental y alimentación.

El hábito de alimentarse bien es tan básico como infravalorado y menospreciado. Ya no sólo para una buena salud física sino también para una buena salud psicológica. Múltiples estudios avalan la relación entre la obesidad y depresión, estados de ansiedad y diversos conflictos emocionales, díganse miedos excesivos, inseguridades,  por no hablar de todos los síntomas derivados de los trastornos de la conducta alimentaria, etc.

Aún habiendo tanta información de lo adverso que resulta para el cuerpo y la mente los alimentos no sanos, muchas personas se maltratan con la alimentación. Yo creo que es como una falta de amor propio, un olvido del instinto de supervivencia, ese que nos obliga a protegernos, a cuidar de nosotros mismos. Es una muestra más de una sociedad que está enfermando, en este caso a través de una desconexión con el instinto y la autoprotección a favor de una conexión con la neurosis.

    •    Conciencia del aquí y ahora asociado al autoconocimiento.

A veces la vida se nos escapa mientras planeamos lo que vamos a hacer mañana o recordamos lo que pudo haber sido y no fue. La práctica de atender al momento presente, independientemente de lo agradable o desagradable del mismo nos llevará poco a poco a una mayor conciencia de nosotros mismos y de nuestras circunstancias. Y una mayor conciencia de nosotros nos conducirá a un mayor autoconocimiento, que sin duda nos ayudará a ser más auténticos, más libres.

¿Cómo se puede conseguir esto?

Yo pienso que través de ejercicios de atención plena en el día a día, a través de la meditación, de la música, de la pintura, de la escritura, de cualquier tipo de creación que salga de uno mismo, que te haga estar en contacto con lo que uno es. Cada persona tiene sus propias preferencias y gustos sobre la forma en la que centrarse en sí.

Aquí se podría añadir también el hábito de buscar unos minutos al día para relajarnos, para dejarnos sentir sin hacer nada, desconectándonos del estresante mundo exterior.

    •    Responsabilizarnos de nuestras acciones.

No cabe duda que hacernos responsables de nuestras decisiones y de nuestros comportamientos no es tarea fácil, ya que requiere un sentido de humildad poco desarrollado en nuestra moderna sociedad. El dejar de culpar a los demás y tomar las riendas de nuestros actos supone un ejercicio de madurez y de salud mental. Hablar desde el yo y hacerse uno cargo de sí mismo es una tarea ardua pero sin duda liberadora.

    •    Conciencia de muerte.

Todos sabemos que nos vamos a morir tarde o temprano, es una ley natural. Aún así pareciera como si la muerte no fuera con nosotros. Yo creo que el ser consciente de nuestra vulnerabilidad, de nuestra transitoriedad por este mundo nos haría mejores personas y sin duda aumentaría nuestra salud mental.

Si dedicásemos un ratito de vez en cuando a sentir que dentro de un tiempo ya no estaremos aquí, quizá nos replantearíamos algunas conductas que pueden dañar a los demás, nos volveríamos seres más respetuosos y humildes con nosotros mismos y con nuestros semejantes.

    •    Conocer y aceptar nuestros límites.

Otro hábito de salud mental pienso que podría ser un mayor contacto con nuestras verdaderas capacidades y por su puesto, con nuestros límites. El reconocernos como seres limitados y aceptarnos de tal manera nos ayudaría a ser más amorosos con nosotros mismos.

    •     Evitar dependencias

El ser humanos es dependiente por naturaleza, dependemos de la comida para sobrevivir, de una sociedad que nos proteja y con la que relacionarnos, dependemos de unos cuidados básicos durante nuestra infancia, etc.

Pero no es de esa dependencia de la que yo hablo, sino de la que nos generamos a nosotros mismos sin necesidad. Hablo de las dependencias emocionales, de las dependencias a sustancias, a lugares, a cultos, a ritos. Si uno depende de muchas cosas para ser feliz es que algo no va bien, por eso abogo por descargar un poco nuestra mochila y viajar lo más ligeros y libres que podamos.

    •    Incorpora el humor en tu vida.

Muchos estudios avalan la eficacia del humor para relativizar situaciones y quitar hierro a algunos acontecimientos. Yo creo que las personas con un buen sentido del humor y sobre todo las que saben reírse de sí mismas no se creen tan importantes y tienen una mayor conciencia de su pobre y altivo “yo”.

 

 

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